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martes, 26 de noviembre de 2013

ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA

Podría haber casi 500 barcos hundidos en costas del país

¡Saqueo! Es la primera palabra que podría llegar a la mente de la persona que escucha o lee acerca de “tesoros hundidos”. Quizás imágenes de pepitas de oro, piedras preciosas y joyas rondan los pensamientos de quienes intentan lanzarse al fondo del mar, a ver si tienen suerte en la búsqueda de lo que sólo hasta ese momento es una leyenda.
Y no es para menos. Historias de piratas en el Caribe y los galeones cargados de oro junto a otros metales y objetos antiguos que navegaban por las aguas de este continente no son fábulas, aunque la idea de encontrar oro es un poco relativa, ya que el valor de los objetos allí no se estima tomando por lo material, sino más bien por su relación con la historia.



Luego de la colonización de América, el Caribe se ha convertido en una especie de “cementerio subacuático” que evidencia la presencia europea en la región.
Por esa razón, hay personas e instituciones que se dedican, de manera exclusiva, a la búsqueda de esos objetos que podrían aparecer en el océano, algunos de manera ilícita, y otros como un medio de producción, llegándose a conformar empresas internacionales especializadas en la investigación y exploración de galeones hundidos.
Roberto Llerena, un periodista y buzo salvadoreño con 30 años radicado en el país, señala que “no hay en todo el Caribe un país con tantos naufragios de la época colonial como República Dominicana, incluyendo a Haití. Podrían haber más de 500 en toda la isla”.
Llerena, quien fue uno de los buzos que participó en el rescate del barco Conde de Tolosa, explica que la ciudad Santo Domingo era un puerto importante para 1500, y también la sucursal de la Casa de Contrataciones de Sevilla, que se dedicaba a regular el comercio y la navegación de los españoles con América.
Asimismo, el director de arqueología de la empresa exploradora de naufragios Deep Blue Marine, Alejandro Selmi, dice que existen naufragios en la isla desde 1492 hasta la fecha, por el gran movimiento de naves a lo largo de la historia.
“No podemos hablar de un lugar específicamente con más o menos naufragios. Toda la costa de República Dominicana tiene un gran potencial arqueológico bajo sus aguas”, agrega el arqueólogo subacuático.

Empresas 

En el país existen actualmente cinco empresas e instituciones, legalizadas por el gobierno, que tienen concesiones en diversas áreas.
Estas son: Tesoros del Caribe (Caribe Salvage S.A) de Tracy Bowden; Fundación Punta Cana, de Paul Beswick; Anchor Research & Savalge, S.R.L., de Bobby Prichert; Deep Blue Marine, de Wilf Blun, y la Universidad de Indiana, a cargo de Charles Beeker, todas ubicadas en algunas costas de la parte Norte, Sur y Este.
Según Llerena, estas entidades de rescate arqueológico se apoyan fundamentalmente en lo que se conoce como el Archivo de Indias de la corona española, el cual funciona como el único sitio de documentación de todas las colonias españolas.
Este edificio, ubicado en la ciudad de Sevilla, en España, posee unos 43 mil legajos con cerca de 80 millones de páginas y 8 mil mapas y dibujos que proceden de los viajes realizados por los mercantes y tropas españoles.
Llerena dice que allí se pueden encontrar las características del barco, el nombre del capitán y el de la tripulación a bordo, junto con los pasajeros que zarparon en ese viaje. Gracias a esto se puede tener una referencia más directa en la búsqueda y rescate de galeones.
No obstante, Francis Soto, director técnico de la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático (ONPCS), indica que por más sofisticados que sean los equipos y por más historiadores que aporten a la investigación, la mayoría de los restos son encontrados por los lugareños.
“Siempre los naufragios son encontrados por los pescadores del área, por más sofisticados que sean los equipos. Los huracanes hacen que el mar cambie todo. Por eso algunas veces salen piezas a la superficie y eso les da una referencia”, explica Soto.
El experto cuenta que “cuando apareció el galeón Guadalupe, en 1976, los lugareños de Miches, municipio de El Seibo, estaban vendiendo botellas en el pueblo y decían que estaban sacando “piezas de oro”. Fue cuando la Marina de Guerra intervino, dando inicio al posterior descubrimiento de esta nave construida en 1702, en España.

Expedición 

La búsqueda podría durar algunos 15 días, pero se podría extender por años.
En el primer día se instala la embarcación de rescate en la zona y se bajan los equipos al fondo del mar. Se comienzan las labores de limpieza y se distribuye el trabajo de los buzos.
En cuanto al equipo de trabajo, Selmi explica que en un proyecto de rescate arqueológico submarino se requiere de un personal entrenado para esa labor, conformado por un jefe de operaciones para los equipos y personal, así como un arqueólogo submarino jefe del proyecto y la excavación.
Además, dice que es necesario un grupo de buzos entrenados y calificados. En la actualidad se están utilizando buzos dominicanos.
Un personal que está en la superficie se encarga del mantenimiento de las embarcaciones y de los equipos de buceo que son necesarios para un buen desarrollo de las actividades.
Llerena agrega que también los acompaña un miembro de la Marina de Guerra y un miembro del museo, el cual lleva un récord de todo el material que se saca del agua cada día.
Con relación a los costos, Llerena y Selmi coinciden en que son muy altos. “Si contamos que se necesita de personal calificado y equipos sofisticados de búsqueda y localización de los pecios (bienes culturales), una compañía puede gastar alrededor de 50 mil a 60 mil dólares mensuales entre salarios, mantenimiento de los equipos y embarcaciones, combustible y alimentación”, señala Selmi.

LISTA DE NAUGRAFIOS RECUPERADOS EN RD 

1. Nuestra Señora de Guadalupe. 1976.
2. Scipion. 1977.
3. Conde de Tolosa. 1977.
4. Nuestra Señora de la Puera y Limpia Concepción. 1978.
5. Nagua.
6. Diómedes. 1982.
7. Imperial. 1982.
8. Flota de Ovando. 1983.
9. Barco de las Pipas. 1986.
10. Laviatte. 1986.
11. Fianse 1985.
12. Casimir (Barco de los Cristales).
13. Barco de los Ladrillos. 1987.
14. Dragón (Barco de los Cañones).
15. Barco de las bolas de mosquete.
16. Los tres cañones.
17. Naufragios de Cristóbal Colón y Juan Aguado.
18. Quedah Merchant (Capitan Kidd). 2007.
19. Naufragio de Santo Domingo.
20. Barco de Marfil.
21. Naufragio de Jacques- Yves Costeau.
22. San Miguel. 2011.

RD elige con qué se queda 

El director de la Oficina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático (ONPCS), Wilfredo Féliz, dice que las empresas que funcionan legalmente en el rescate de bienes culturales deben dar al Estado 50 por ciento de los artefactos hallados, pero que de todas maneras el gobierno es el que elige primero y no tiene la obligación de dar la mitad de los bienes.
“Nosotros tenemos la opción de pagarle en efectivo, el mejor de los casos sería que tuviéramos el dinero y les pagáramos, pero por las difi cultades fi nancieras del Estado, se les paga a ellos con bienes encontrados en la expedición”, afi rma Féliz.
El funcionario señala que el Estado se ha quedado con colecciones completas, como en el caso del Concepción, de donde se extrajo la cerámica de la Dinastia Ming, la cual se exhibe en la fortaleza Santo Domingo de la Zona Colonial.
Pero en el caso de que hayan pecios únicos (bienes culturales), Féliz indica que hay dos opciones: se compra el bien o se retribuye a la compañía rescatista su valor económico. También podrían optar por darle una cantidad de monedas que retribuya el valor.
Por otra parte, Féliz reconoce que todavía se presentan casos de saqueo y no descarta que se produzca algún tipo de corrupción por parte de las personas encargadas de notifi car a la Ofi cina las piezas que son encontradas. Pero insiste en que la ONPCS procura que los marinos que están en la expedición sean de calidad, con vocación y recomendados por sus superiores.
Sostiene que el plan de la ONPCS es lograr que el Estado se quede con todas las responsabilidades de la búsqueda de bienes culturales y no que le dé concesiones a otras empresas.
Para la situación, explicó que tiene que preparar un personal de buzos y arqueólogos, además de conseguir equipos.

Conservación 

Los barcos hundidos generalmente no se encuentran en altas profundidades. Según expresa el fotógrafo submarinista y arquitecto, Pedro Borrell, los galeones se han encontrado a profundidades de 30 a 60 pies.
De su lado, Selmi estima que para la mayoría de las personas todavía existe la imagen de un galeón sumergido con los mástiles rotos y lleno de tesoros.
“Eso es ficción. La realidad es que los pecios, después de 300 ó 500 años son cubiertos por capas de coral y arena fangosa que los desaparecen y los mimetizan con el fondo marino, de manera que es difícil poderlos diferenciar y se necesitan equipos especiales para localizarlos”, indica.
El arqueólogo apunta que una vez se localizan los artefactos los buzos se dedican a excavar y extraer los bienes culturales que se encuentran saturados de sal y calcio, y que esto podría representar un peligro si se hace sin un procedimiento de conservación adecuado. Dijo que en el caso del hierro, los cañones y anclas pueden durar años en conservarse.
La encargada del Laboratorio Conservación de la ONPCS, Isabel Brito Germán, dice que la conservación de la madera es lo más difícil.
Con relación al valor monetario de los artefactos, la experta explica que una moneda de plata podría valer 60 dólares y una de oro hasta más de 200, pero todo dependerá de su relación con la historia. Generalmente son vendidas a museos y coleccionistas privados.
También hay piezas que tienen un valor especial. Roberto Llerena cita como ejemplo un medallón de oro encontrado en el Tolosa llamado “La Orden de Santiago”, que tiene, según él, algunas 30 piedras de diamantes y rubí valorado en millón y medio de dólares. “Este medallón quedó en posesión del Estado”, asegura.

Museo 

A pesar de que en el país se han encontrado miles de objetos de la época colonial, incluidas colecciones completas de cerámica y vajillas de vidrio, la gran mayoría reposan en el depósito de la ONPCS y otras están en calidad de préstamo en otros museos.
Esto se debe a que el lugar ofi cial destinado para esos fines, el Museo Naval de las Atarazanas Reales, ubicado en la Zona Colonial, lleva casi ocho años cerrado desde su clausura en el 2004 por remodelación, de acuerdo a la directora general de museos del Ministerio de Cultura, Ana María Conde.
“Se cerró porque había mucha humedad y fi ltración en el inmueble, que llegó a afectar la colección, aunque no se dañó, sino que había que limpiarla y estabilizarla, porque gracias a Dios, la mayoría de los materiales de esas colecciones era fácil de limpiar y estabilizar para guardar en un depósito”, explica la funcionaria.

viernes, 22 de noviembre de 2013

LAS CUEVAS DE LOS TRES OJOS

Este parque de lagos subterráneos está ubicado en la autopista Las Américas, municipio Santo Domingo Este.
Las cavernas de Los Tres Ojos han sido motivo a algunas historias: Se dice que sirvieron de refugio para los indígenas cuando eran azotados por las tormentas y que eran usadas como escenario para sus ritos religiosos. Lo cierto es que las cuevas se formaron hace miles de años y allí se encuentran petroglifos de la época.

Durante su maravilloso recorrido es posible escuchar el zumbido de las abejas que se anidan en la superficie de una de las grutas del parque, ubicado en Santo Domingo Este, entrando por la autopista Las Américas. Sus atractivos han servido de escenario de varias películas extranjeras. Se estima que el 85% de sus visitantes son turistas, y el resto dominicanos.

Quienes por años han trabajado en el Parque Nacional Los Tres Ojos, señalan que la mayoría de visitantes son turistas. ¿Y por qué no visitarlo si el paseo es económico? ¿Por qué no disfrutar de un espectáculo natural impresionante cerca de la ciudad?

El Parque Nacional Los Tres Ojos se formó hace miles de años y fue descubierto durante la intervención norteamericana (1916-1924).

Su formación se debe a que, como cuenta el guía turístico Cándido Ozuna, aparentemente un terremoto derribó las capas de la superficie de la tierra, dejando al descubierto el único río subterráneo del país: el Brujuelas.

Para fácil entendimiento, las enormes piedras que cayeron formaron la caverna dividiéndola en cuevas que bordean tres lagos, además de un cuarto afluente a cielo abierto. Las “paredes” y superficie de las grutas están formadas de calizas de origen marino que el mar dejó al retirarse de esta zona.

Los lagos por mucho tiempo sirvieron de entretenimiento. Cuentan popularmente que muchos bañistas desaparecían en sus aguas. Ciertamente, antes de que se declarara una zona protegida en el 1972, y por consiguiente se prohibiera el baño, hubo pérdidas humanas por ahogamiento.

El recorrido


Las escaleras del paseo llevan al turista lo suficientemente cerca de los lagos como para tocar sus aguas cristalinas y observar en su superficie una especie de arenilla; es el carbonato de calcio que desprenden las rocas.

El Lago de Azufre es el primero cavernoso del paseo y tiene 15 pies de profundidad. Si la visita es durante la mañana, verá cómo los rayos solares lo adornan, dejando ver un fondo azul claro y algunas “manchas” blancas de carbonato de calcio. Antes se creía que éstas eran de azufre, y por ello su nombre.


El Lago de las Damas es más atractivo durante la tarde, por la luz del sol que le llega. Es la segunda cueva de Los Tres Ojos que debe su nombre a la visita de las mujeres que antes se bañaban allí junto a los niños gracias a su poca profundidad, no mayor de seis pies. Es aquí también donde se escuchan las abejas zumbar de cuatro colmenas empotradas en la parte superior de la gruta.

La tercera y más oscura de las cavernas es el Lago de la Nevera. Aquí nunca han llegado los rayos del sol y es la parte más fresca del paseo, sin que se sienta la sensación de frío. Tiene 18 pies de profundidad.

Al llegar, una pequeña barca, cariñosamente llamada “Titanic”, recorrerá al menos 40 metros hasta llegar al otro extremo de La Nevera para visitar el último de los lagos: Los Zaramagullones. Es el más profundo de todos, con 25 pies y fue descubierto, según datos del guía turístico, en el año 1975. A diferencia de los demás lagos, que están sumergidos en cuevas, Los Zaramagullones es a cielo abierto y mide más de 80 metros de circunferencia.Las plantas que lo rodean lo convierten en la zona más verde de todo el recorrido por el parque.

Tarzán dominicano

Desde que era niño, Bienvenido Cabrera visitaba las lagunas y se quedó con la costumbre de sumergirse y trepar por sus rocas. Hoy, este señor de 61 años protagoniza un espectáculo en La Nevera. No es empleado del parque y por consiguiente espera su propina luego del clavado.

El parque Los Tres Ojos se encuentra ubicado en la avenida Las Américas, Santo Domingo Este. El acceso cuesta RD$100 y está abierto de 8:30 de la mañana a 5:30 de la tarde todos los días. Para el recorrido, que no dura más de 60 minutos, hay 16 guías autorizados.

Según datos estadísticos ofrecidos por el supervisor del parque, Eugenio Robles, solo el 15% de los visitantes son dominicanos. Cada año se registra un promedio de más de 100 mil visitas.

Animales, plantas y escrituras

Muchas de las plantas de Los Tres Ojos fueron sembradas de manera expresa, luego de que el  huracán Georges, en el año 1998, destruyera una parte significativa de la vida silvestre. Las caobas, los flamboyanes, acacias, el copey y una variedad de helechos que incluyen los prehistóricos y más grandes de la isla son partes de la vegetación.


Los murciélagos, variedad de peces de agua dulce, cangrejos, tortugas, las aves zaramagullones (por ello el nombre del último lago), pericos y colibries complementan la fauna. Muchos de los animales fueron introducidos también por la administración, como el caso de un cocodrilo que vivió y murió allí. Sin embargo, los que saltan a la vista solo son los peces.

Algunas rocas en las cavernas tienen escrituras que son atribuidas a los indígenas que pudieron habitar la zona como refugio hace cientos de años, antes del descubrimiento de esta parte del mundo.

jueves, 21 de noviembre de 2013

CUEVA DE LAS MARAVILLAS

Localizada en el paraje Boca de Soco, de la provincial San Pedro de Macorís, la Cueva de las Maravillas contiene una de las mejores muestras del arte rupestre aborigen Taíno de la parte este de la isla de Santo Domingo o Hispaniola.  De igual manera, exhibe una diversidad de concreciones suficientemente amplias como para tener una idea de todo lo que puede originarse dentro de una caverna en materia de formaciones secundarias: estalactitas, coladas, colgaduras, tours, pisolitas, columnas, etc.

La primera documentación sobre esta cueva fue realizada en octubre de 1949 por el profesor Francisco Richiez y un grupo de estudiantes y miembros del entonces Museo Nacional.  En 1968 se realizó un estudio somero sobre sus manifestaciones rupestres a cargo del doctor Fernando Morbán Laucer.


En 1972, se analizaron microscópicamente los componentes químicos de las pinturas.  En 1977, se practicaron excavaciones en su interior dirigidas por el doctor Marcio Veloz Maggiolo. En 1984, una expedición italiana acompañada por espeleólogos dominicanos hizo su primera medición.  

En 1993, el especialista francés Alain Gilbert profundizo en el carácter funerario de las pinturas rupestres de la cueva.  Durante los últimos 10 años, la Cueva de las Maravillas estuvo expuesta al mas grosero vandalismo, por lo que en el año 2000, la Secretaria de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales asume su recuperación y puesta en valor.

La cueva se abre en roca caliza arrecifal perteneciente a la unidad geomorfológico conocida como Llano Costero Sur oriental.  En su formación geológica intervienen predominantemente las formaciones coralinas y los animales que conformaron ese ambiente durante el final del pleistoceno.  Esta parte de la isla se estima que inició su aparición en la superficie hace aproximadamente cien mil años. La Cueva de las Maravillas es parte de una enorme cadena de cuevas abiertas en todo el Llano Costero como resultado de la actividad hídrica subterránea: aguas que bajan subterráneamente hacia el mar desde la Cordillera Oriental y las aguas que absorbe el llano debido a la característica porosa de su geología cársica.

Su desarrollo interior horizontal lineal es de unos 800 metros, de los cuales el equipo de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales utilizó 240 metros para su habilitación turística educacional.  Siendo la primera caverna en la que se utilizan los últimos conocimientos de manejo turístico de cuevas; La Cueva de las Maravillas cuenta con un elevador para permitir el acceso de personas con discapacidad físico-motora, problemas de sobrepeso, personas de edad avanzada y niños.  Esto la convierte también en la primera área protegida del país con habilitación especial para discapacitados.  La mayor parte del espacio de la cueva escogido para su habitación había sido severamente alterado por la extracción comercial de murcielaguina (guano de murciélagos) durante los años 50 y 60, perdiéndose con esa alteración, valiosa información arqueológica y biológica.

La cueva posee en su interior 472 pictografías (pinturas sobre las paredes) y 19 petroglifos (grabados sobre la roca), predominando el color negro en las pinturas, pero destacándose representaciones hechas en altorrelieve con arcilla roja.  En el material utilizado para las pinturas se destaca la presencia de caolinita y haloisita, determinando su color negro la goethita.

Entre las figuras representadas en la cueva, además de las humanas, encontramos lechuzas, murciélagos, iguanas y culebras, siendo las más comunes aquellas asociadas a ritos funerarios, como son la lechuza y el murciélago.

Durante los trabajos realizados por la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales se hicieron excavaciones que arrojaron información sobre culturas aborígenes que utilizaron la cueva durante diferentes períodos.  La cultura más reciente fue la Taína, a las que corresponden las pictografías de su interior y cuya edad se estima entre 800 y 500 años.  Sin embargo, restos arqueológicos y osamentas humanas encontradas durante estos trabajos comparan estos restos con los encontrados y fechados en otros lugares de la isla y del Caribe con edades entre 4 mil y 5 mil años.  Aún no han sido fechados los materiales encontrados en la Cueva de las Maravillas, pues los trabajos continúan.

Como en todas las cuevas del Trópico, la fauna predominante en esta cueva es la de murciélagos, de la que tres especies habitan en espacios que no han sido tocados durante su habilitación.  Otras muchas especies de animales como son los torglobios (específicos de cavernas) han sido encontradas aquí y actualmente bajo estudio.

Otros animales más comunes en las cuevas tienen presencia en Maravillas: culebras (tres especies), diplópodos, centípedos, sapos, amblipígidos (arácnidos mutantes), arañas (varias especies), afisbéidos (lagartija sin patas) y otros no menos importantes.

VIDEO

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CUEVAS DEL POMIER O BORBÓN

A poco más de veinte kilómetros de la ciudad de Santo Domingo, cerca de la ciudad de San Cristóbal, se encuentran los pequeños pueblos de Borbón y Pomier. Estos poblados sin duda habrían pasado desapercibidos para el turismo si no fuera porque en sus alrededores se encuentra uno de los conjuntos de cavernas con Arte Rupestre más importantes del Caribe: las Cuevas de Borbón. 
Más de cuarenta cavernas repletas de pinturas y petroglifos realizados por los taínos han sido ya documentadas en este conjunto arqueológico.

El turismo cultural centrado en el Arte Rupestre de la República Dominicana tiene su más antiguo precedente en estas misteriosas cuevas. Aún conservan sus paredes los graffiti, realizados a mediados del siglo pasado por los visitantes que se sorprendían con la belleza de las ancestrales representaciones rupestres que plasmaron los indígenas, bien grabándolas con cinceles de piedra o pintándolas con olvidadas formulas de pigmentos sagrados. 

Fue un intrépido explorador de la geografía dominicana, Schomburgk, a la sazón cónsul alemán en el país, quien en 1,851 las reporta por primera vez oficialmente. Posteriormente, las cavernas fueron visitadas por nuestros más reconocidos investigadores, desde Narciso Alberti Bosch hasta Dato Pagán Perdomo, quien publicó en 1,978 la única monografía de estas cuevas con la que contamos hasta el momento. 

La importancia arqueológica e histórica de estas cavernas es tanta que el Gobierno dominicano estableció en la ley 233-96 de 30 de julio de 1,996 la ampliación del área donde se encuentra la Reserva Antropológica de las Cuevas de Borbón hasta los límites que actualmente tiene: 2.5 Km². 

Acceder a las Cuevas de Borbón es sencillo. Se puede llegar con un vehículo casi hasta la entrada de la más rica de las cavernas en cuanto a pictografías se refiere. Para poder entrar en las cuevas se debe solicitar un permiso a la Subsecretaría de Areas Protegidas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Una vez conseguida la autorización, portando linternas y siempre acompañados de un guardaparques, se puede disfrutar de una autentica aventura subterránea. 

Además de la belleza del entorno natural donde las cavernas se localizan y del Arte Rupestre que contienen, los visitantes que permanezcan en las proximidades de la cueva principal al atardecer, pueden disfrutar de uno de los acontecimientos mas sorprenderles que puede brindarles la naturaleza de Santo Domingo. Estas cavernas están habitadas por la mayor colonia de murciélagos que se conoce en el país. Al caer la tarde, centenares de miles de estos mamíferos voladores abandonan su morada pétrea para buscar, al amparo de la noche, su alimento. Como un tornado viviente la inmensa columna de murciélagos sale por la boca de la cueva y se eleva en el cielo, donde se dispersa en todas las direcciones. Es este un espectáculo que difícilmente olvidara quien tenga la suerte de presenciarlo. 

Los murciélagos de las cuevas son una de las especies más importantes para el mantenimiento de nuestros ecosistemas forestales. Algunas especies son “frugívoras”, o sea, comedoras de frutos, y sus semillas son expulsadas entre las deyecciones de estos animales mientras revolotean sobre los montes. Los murciélagos son quienes reforestan nuestro país de la forma más intensa, además de abonarlo con sus desechos orgánicos. La importancia de respetar las cuevas no acaba en la mera conservación de sus formaciones calizas o de los restos arqueológicos que contienen; el interés de la conservación de las colonias de murciélagos que las habitan es básico para mantener la biodiversidad de la República Dominicana. 

Al penetrar en la caverna veremos los petroglifos que siempre podemos encontrar a la vista de la luz solar. En este tipo de yacimientos de Arte Rupestre, encuadrados dentro de la escuela pictórica, que en honor al yacimiento llamamos de las Cuevas de Borbón, muchas de las pinturas también podemos verlas con la luz que penetra por la entrada de la caverna. Aves a centenares, animales, figuras humanas y misteriosos trazos geométricos se descubren ante nuestra vista cargados del simbolismo mágico que les caracteriza, pero lo que resulta más impactante para todos los que se aventuren en las entrañas del yacimiento arqueológico son las escenas de ceremonias aborígenes congelados en las paredes por el paso de los siglos. 
El ritual de la cohoba fue el momento más importante de las ceremonias religiosas que realizaban los taínos. Los behiques (shamanes), junto con los integrantes de los clanes que formaban los poblados, se volcaban en un acto que aún podemos observar en los pocos pueblos indígenas que aun perviven en la cuenca Orinoco-Amazónica. Mediante tubos previamente preparados con madera, barro o huesos de aves, inhalaban un potente alucinógeno que les sumía en trance, el cual les permitía ponerse en contacto con sus deidades. De esta forma podían conocer secretos mágicos, reconocer a sus animales tótem y realizar consultas trascendentales para la supervivencia de su cultura. En las paredes de las Cuevas de Borbón podemos ver dibujado por sus mismos artífices, el más interesante ejemplo de esta costumbre indígena. Grupos de hombres se apoyan unos a otros en la tarea de inhalar la cohoba, como llamaban al alucinógeno ritual. Si hubiera que elegir una escena para caracterizar a la cultura aborigen antillana sin duda sería la que se encuentra en las Cuevas de Borbón, representando a un grupo de hombres en pleno ritual de la cohoba. 

Siguiendo nuestra visita veremos curiosas escenas de shamanes danzando, animales realizando la copula, peces aún nadando en las paredes de piedra después de siglos de permanecer en ellas, y un sin fin de pinturas cuya temática en ocasiones escapa a nuestra moderna visión del mundo y del espacio. 

Fue también probablemente, en alguna de las cuevas de Pomier, donde en el pasado siglo se encontró una de las piezas arqueológicas más interesantes que se conservan de la cultura taína, el famoso cemí fabricado en algodón que en la actualidad se conserva en el Museo Etnológico de Turín, en Italia. Es este el único ídolo taíno tejido que aún pervive y tiene la curiosa característica de contener parte de un cráneo humano dentro de su cabeza tejida. 

Las Cuevas de Borbón estuvieron hasta hace poco tiempo amenazadas por las extracciones de caliza que se realizan en su entorno. Las explosiones de dinamita en ocasiones afectaban a sus paredes y a las pinturas que contienen, en ocasiones hasta las mismas cavernas eran despedazadas para triturar sus rocas. Afortunadamente en la actualidad esta situación esta siendo controlada. También sufrieron las pinturas de las cuevas el ataque de aficionados que con mejor voluntad que acierto realizaron una “limpieza” de las pictografías de las cuevas, dañando irremisiblemente muchas pictografías y borrando para siempre otras muchas que en su ignorancia consideraron sin interés.